
Se ocupa sobre todo de las mujeres japonesas, las mujeres como ella que se sienten oprimidas, que demandan alguna liberación. Por eso, en proyectos como My Grandmothers les pidió a mujeres jóvenes que se imaginaran en cuarenta años, como ancianas, y en roles diferentes a los que la sociedad japonesa espera para ellas. O muestra a las chicas en sus trabajos de shopping y ascensor, tan si vida como maniquíes. Dice que para liberarse hay que matar a los padres, a la familia, ser independientes por completo de ese lazo, psicológicamente. De ese crimen se tratan los cuentos de hadas de la japonesa Miwa Yanagi.