
En 1599, los monjes capuchinos de Palermo descubrieron que en sus catacumbas había algo en el aire que conservaba insólitamente los cuerpos. Los nobles sicilianos insistieron en enterrarse allí: lo lograron más de ocho mil. La más joven: Rosalía Lombardo, muerta en 1920 a los dos años. Los bombardeos de la Segunda Guerra destrozaron muchas momias, pero se conservan más que suficientes. En Roma, la orden capuchina tiene su propia iglesia: la Inmaculada, sobre la Via Veneto. Allí se conserva el osario que guarda los huesos de los monjes, construído alrededor de 1620, con cuatro salas y bellísimas decoraciones. Dentro de la cripta no se permite tomar fotos. Pero algunas se filtran.