domingo, 2 de enero de 2011

Sueñera


Se insiste en que no hubo surrealistas mujeres, pero eso no es cierto --es que los varones del movimiento no las creían capaces, no las consideraban artistas. Así han sido casi olvidadas mujeres como Leonora Carrington o Valentine Penrose. O Remedios Varo, nacida en España, exiliada a Francia y luego a México, donde vivió y murió. ¿Habrán pasado por alto a Remedios por su aplastante talento? A ella le gustaban el hermetismo y el esoterismo. Pintaba sueños y mujeres y ciudades y pequeñas crueldades. Era hermosa. Murió en 1963. Su trabajo aquí.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Gótico californiano


A lo mejor porque nació y creció en West Palm Beach, su obra es tradicional en manufactura, estilo y temas: las esculturas como piezas del culto católico, las iglesias de la noche, las niñas perdidas, la muerte y la doncella. Una recreación del romanticismo europeo. Pero California se le cuela en los vestidos rojos, en los payasos locos, en esas palmeras y autorretratos y referencias pop. Los dos mundos de Edward Walton Wilcox.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Superproducción


No quiere limitaciones: si su escultura falsamente naïve y profundamente bestial parece su terreno favorito, también es sumamente importante el dibujo --influenciado por los maestros del giallo italiano, los comics underground de los años '60 y la ilustración japonesa antigua--, la pintura, las perfomances, los fantásticos videos con Alasdair Brotherson y hasta la música para el proyecto creativo del escocés Jock Mooney.

domingo, 31 de octubre de 2010

Desfigurar


El rostro como máscara. Acabar con el rostro para encontrar otra identidad: desfigurar para encontrar. Esos rostros que se descomponen --esos cuerpos también-- remiten a la transmutación final, la de la muerte, que debe ser recordada, mirada sin anestesia, quien no la conoce no puede conocer el placer, dice el artista. Una perfomance acá, otras acá, y todo el trabajo --sus esculturas, sus textos, sus pinturas del francés nacido en Africa Olivier de Sagazan en su sitio.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Angelitos negros


Después de que murió su hija, cuando era una niña pequeña, se obsesionó con la muerte. Y siendo mexicana, tenía muchas oportunidades para encontrarse con la calavera: en duelos, cementerios, disfraces, entierros, incluso en un hombre medio comido por animales que encontró, muerto, en un cementerio, una de sus imágenes más potentes, a la que le tuvo miedo y permaneció inédita durante años. También fotografió la muerte fuera de su país, visitando las casas de agonía en India. Un buen día su dolor se apaciguó y con él la obsesión, pero siguió sacando fotos hermosas: de pájaros, de reinas de las iguanas, de mujeres ángeles. El orgulloso dolor de Graciela Iturbide.

martes, 14 de septiembre de 2010

Invisible Shadows


Es el más famoso artista alemán, quizá el pintor más importante del mundo. Aunque desafía las clasificaciones, se puede decir que su marca es la cercanía de sus pinturas con la fotografía: muchas parecen fotos movidas. Es tan grande que a veces es posible olvidar que su tía, nacida con capacidades diferentes, murió en un campo de eutanasia de Hitler. O que escapó con tan solo una valija de su Dresden natal, en los '60 todavía Alemania del Este. O que alguna vez dijo que sólo cree en nada. O que puede hacer vitrales y pinturas abstractas, pero pocas cosas le salen tan bien como los niños, las calaveras, las velas y la muerte. El genio: Gerhard Richter.

sábado, 3 de julio de 2010

Tell Them Everything You Want


En 1963, redefinió lo posible en literatura infantil con Where The Wild Things Are, un viaje a las emociones, la confusión y el desconcierto de la niñez. Con más de 80 años, dice que no tiene pasión por la infancia, que su trabajo fijado en ese momento de la vida es más bien una disfunción, una peculiaridad. Vivió un escándalo en los años 70 por dibujar a un niño desnudo en uno de sus libros. Por eso tardó treinta años más en salir del closet: sabía que no había carrera posible para él si contaba que era gay. Alguna vez dibujó al niño Charles Lindergh Jr., y lo puso en sus libros. La foto de ese famoso bebé muerto, asesinado a los 20 meses de edad, había hechizado su infancia. Allí se quedó su imaginación, cree: en la posibilidad de morir demasiado joven. La edad sin inocencia según Maurice Sendak.